Cambios, retos, oportunidades y objetivos cumplidos de la siderurgia en 2025 (y desafíos 2026) | Grupo Hierros Alfonso

Cambios, retos, oportunidades y objetivos cumplidos de la siderurgia en 2025 (y desafíos 2026)

La siderurgia europea, como era de esperar, ha vivido en 2025 un año más que relevante. No por un único factor, sino por la confluencia de varios de ellos: presión económica, exigencias ambientales cada vez más estrictas y un mercado global profundamente desequilibrado. Al mismo tiempo, desde el sector hemos demostrado una notable capacidad de adaptación, avanzando en sostenibilidad y modernización industrial. Este equilibrio entre tensión y avance define el momento actual y anticipa un 2026 que, posiblemente, para Grupo Hierros Alfonso y el resto de actores del sector se antoja realmente exigente.


Un sector que cambia de piel en 2025

El primer gran cambio ha sido estructural. Desde la crisis financiera, la siderurgia europea ha perdido cerca del 25 % de su producción y de su empleo, una tendencia que en 2025 se ha consolidado más que revertido. Aun así, afortunadamente, vemos señales de estabilización: la demanda de acero en la Unión Europea ha comenzado una recuperación moderada, con un crecimiento estimado del 0,6 % tras varios años de caídas continuadas.

En paralelo, la agenda política y regulatoria se ha endurecido. La descarbonización ya es una exigencia inmediata, puesto que a nivel comunitario se han ampliado las presiones para acelerar la transición hacia procesos más sostenibles, obligando a las empresas a replantear inversiones, modelos productivos y estrategias a medio plazo. Un asunto con el que, no obstante, mostramos una capacidad de adaptación interesante. 

Retos que siguen condicionando nuestra industria

El mayor desafío continúa siendo el exceso de capacidad mundial. El principal motivo es la sobreproducción, que ha incrementado las importaciones de acero a bajo precio, erosionando márgenes y dificultando la competitividad de las siderúrgicas en Europa. 

A ello se suman los elevados costes energéticos y la volatilidad del mercado, elementos  a los que estamos acostumbrados. En este sentido, la combinación de precios bajos, menor actividad comercial y exigencias ambientales ha llevado a ajustes de producción y recortes de plantilla en distintos países europeos. Invertir en tecnologías limpias resulta imprescindible, pero también complejo cuando la rentabilidad a corto plazo está bajo presión.

En este contexto cabe una mención específica al Mecanismo de Ajuste en Frontera de Carbono (CBAM), una herramienta que se ha implementado como medida de protección a la industria europea, pero que no está exenta de incertidumbres para las empresas que deban aplicarlo. 

Contratación de mano de obra cualificada

Respecto a los retos de 2026, prevemos que se alargue el grave déficit de mano de obra cualificada que arrastramos, un problema que se está acelerando con el envejecimiento de nuestras plantillas. La falta de técnicos especializados, ingenieros y operarios de automatización está frenando la digitalización y la competitividad de las plantas, así que en nuestras manos queda intensificar la colaboración con centros formativos y programas de capacitación para atraer jóvenes y cubrir los perfiles técnicos que demanda la transición hacia la industria 4.0.

En materia laboral, además, desde el sector siderúrgico seguimos reclamando a la Administración un análisis y posterior revisión que permita negociar con los trabajadores la posibilidad de realizar horas extraordinarias, aunque siempre en el marco de un consenso que no permita bajo ningún concepto el abuso ni ponga en riesgo la seguridad y la salud.

Oportunidades reales y objetivos ya alcanzados

Pese al contexto, 2025 ha sido también un año de avances tangibles. La modernización de plantas y la adopción de tecnologías como los sistemas DRI-EAF han permitido reducir de forma muy significativa el impacto ambiental del acero. A día de hoy, desde esta industria podemos presumir de haber disminuido hasta un 75 % las emisiones de CO₂ por tonelada producida y de reciclar prácticamente la totalidad de los subproductos.

Además, se han activado nuevos mecanismos de protección comercial y acuerdos impulsados desde la UE y países como España, con el objetivo de frenar la competencia desleal y garantizar la viabilidad del sector. 

Lo que espera a la siderurgia en 2026

El escenario de 2026, como era esperable, es complejo. Las previsiones apuntan a que el exceso de capacidad mundial podría alcanzar el 350 % de la capacidad de la UE, intensificando la presión sobre precios, producción y empleo. La rapidez en la toma decisiones será fundamental.

La clave estará en dos frentes: la eficacia de las medidas de protección comercial y la aceleración definitiva de los procesos bajos en carbono. En nuestro caso, hemos comenzado a trabajar con aceros de bajas emisiones (cuyo uso se seguirá incrementando) y apostamos fuerte por una red propia de transporte que nos mantenga también en el reto de reducir la huella de carbono. Son este tipo de cambios los que entendemos que nos permitirán mantener la competitividad sin renunciar a los objetivos de sostenibilidad.

Un año bisagra para un sector estratégico

2025 ha sido, en esencia, un año de transición. Desde la siderurgia hemos demostrado que podemos avanzar en sostenibilidad, digitalización y eficiencia incluso en un entorno adverso, pero también nos ha dejado claro que los desafíos estructurales siguen muy presentes. Lo que ocurra en 2026 dependerá de la capacidad de adaptación y de la rapidez con la que las decisiones políticas se traduzcan en protección real y estabilidad industrial.